¿Por qué se me ha muerto mi planta de marihuana?

¿Por qué se me ha muerto mi planta de marihuana?
¿Por qué se me ha muerto mi planta de marihuana?

1) Falta de nutrientes en el abono La planta no encuentra su alimento y en el periodo de crecimiento muere débil y perdiendo su color. Si no sabemos si la carencia obedece a un exceso de sales o a una falta de abono el procedimiento más seguro y exitoso consistirá en lavar primero la tierra y abonar después con un fertilizante completo.   Al lavar la tierra la dejamos a cero, es decir, sin nutrientes. Luego con el abonado restauramos el equilibrio

1) Falta de nutrientes en el abono

La planta no encuentra su alimento y en el periodo de crecimiento muere débil y perdiendo su color. Si no sabemos si la carencia obedece a un exceso de sales o a una falta de abono el procedimiento más seguro y exitoso consistirá en lavar primero la tierra y abonar después con un fertilizante completo.

Al lavar la tierra la dejamos a cero, es decir, sin nutrientes. Luego con el abonado restauramos el equilibrio de nutrientes. En un par de días notaremos que la planta mejora y reanuda su desarrollo.


2) Hongos y plagas comunes

La infección aunque es relativamente fácil de curar, puede traer gravísimas consecuencias, ya que puede llegar a dañar los cultivos y inutilizarlos al 100%. En una primera fase se desarrolla sobre hojas, para ir pasando posteriormente a peciolos, troncos y finalmente a los cogollos, destruyendo completamente la resina y dejando la marihuana totalmente invalidada para fumar, ya que las esporas del hongo son materia sólida que absorveríamos al inhalar.

Las plagas afectan tanto al cultivo de cannabis en interior como a los cultivos de exterior o invernadero y para su propagación necesita que se den fuertes variaciones higrométricas, pasándose súbitamente de humedades relativas bajas a altas, situación que se da muy habitualmente en cultivos bajo luz artificial y en invernaderos. En exterior la plaga es más estacional y se suele dar más a menudo en primavera y otoño.

Su eliminación de manera temprana es la principal solución, si no, una planta infectada es casi un cadaver.

3) Falta de agua y luz solar

La planta crece poco y muere. Cuando vamos a regarla tiene las hojas flácidas y mustias. La tierra se seca mucho entre riego y riego haciendo de su terreno un verdadero desierto. Tiene pocas hojas y son pequeñas... Siempre que reguemos una planta debemos usar agua abundante. Con poco riego, parte de la tierra no se moja bien y las raíces sufren y mueren.

La mejor forma de asegurarse de que toda la tierra de la maceta se moja es regar hasta que el agua comience a salir por los agujeros del tiesto. Si la tierra está tan seca que no empapa el agua añadiremos unas gotas de jabón líquido biodegradable para vajillas en el agua de riego. Estos jabones contienen unos compuestos humectantes que ayudan a que el agua penetre en la tierra.


Cuando tienen poca luz las plantas crecen espigadas, estirándose en dirección a la luz. Se hacen larguiruchas, poco frondosas, con cogollos pequeños. La solución es básica; moveremos las plantas a un lugar con más horas de sol o, si cultivamos en interior, instalaremos más luces o más potentes.

4) Carencia de magnesio

Amarillean las hojas viejas entre las venas, que se mantienen verdes. Las puntas de las hojas primero, y el resto de la hoja a continuación, se ponen marrones. Las puntas de las hojas se curvan hacia arriba y luego mueren. La planta entera puede palidecer en unas semanas y morir. La carencia de magnesio es relativamente corriente porque la mayoría de los fertilizantes no contienen tanto como la marihuana necesita.

El magnesio se puede añadir directamente al agua en forma de sales de Epson (sulfato de magnesio hidratado) a razón de una cucharadita de café por cada cinco litros. También puedes buscar un abono completo con bastante magnesio.

5) Acumulación de Sales

Las plantas muestran deficiencias que no se corrigen cuando fertilizamos. Se ven restos secos de sales en los bordes de la maceta, en el plato donde reposa, en la tierra o en los tallos de las plantas. Las hojas se curvan hacia abajo como cuando padece un exceso de abono.


Es este uno de los problemas más comunes entre los cultivadores noveles. Cuando el riego es escaso y se fertiliza mucho las sales que se acumulan en la tierra pueden llegar a matar a la planta. La solución pasa por lavar la tierra con mucha agua, cuanta más mejor. Si las sales se han ido acumulando a lo largo de varios meses, lavaremos la tierra al menos dos veces con dos o tres litros de agua por litro de tierra.

Si el problema persiste volveremosa lavar la tierra. Una vez que veamos que la planta mejora comenzaremos a abonar de nuevo, con fertilizantes muy diluidos. Como medida de prevención lavaremos la tierra cada cuatro o seis semanas durante toda la temporada de cultivo.